El
científico Joan Sabaté, pionero en las investigaciones que relacionaron los
frutos secos con la disminución del riesgo de enfermedad cardiovascular,
asegura que un consumo moderado de estos alimentos no engorda y recomienda que
se coman a diario. Catedrático de Nutrición de la Escuela de Salud Pública de
la Universidad de Loma Linda (EE UU), Sabaté ha constatado los notables
beneficios que reportan los frutos secos a la salud. Si una persona come
habitualmente frutos secos le puede cambiar el metabolismo
Sabaté,
que lleva investigando durante más de veinte años, explicado a aquellas
personas que todavía tienen reticencias a comer frutos secos por miedo a ganar
kilos, que una de las razones por las que no engordan, si se comen de forma
moderada, es por el poder saciante al ser ricos en grasa y proteína. "Al
comerlos dejamos de comer otras cosas", afirma.
Además,
mientras que la energía de un aceite líquido se asimila en su totalidad, el que
aporta un fruto seco masticable y con fibra hace que entre el 10 y 20% de grasa
nunca llegue a nuestra sangre, "igual que entra, sale".
Aunque
todavía no está probado científicamente, Sabaté también menciona que es posible
que la composición de los frutos secos aumente el metabolismo basal. "Si
una persona come habitualmente frutos secos le puede cambiar el metabolismo y
consumir más calorías sin hacer nada, al contrario del que no come
nueces", apunta.
El
profesor asegura que las nueces son el fruto seco que mejor se complementa con
la dieta mediterránea al ser rico en ácidos poliinsaturados u omega 3, mientras
que en una dieta anglosajona, que utiliza el aceite de maíz, es más
recomendable los pistachos, almendras y avellanas, con ácidos moninsaturados,
una grasa similar a la del aceite de oliva. También se ha demostrado que baja
el colesterol.
"Hay
que comer todo tipo de frutos secos, pero si estás en un país mediterráneo, no
te olvides de las nueces, y en un país anglosajón no olvidar las almendras,
pistachos y avellanas", apunta Sabaté. El investigador considera que en
las dos últimas décadas ha aumentado la ingesta de frutos secos tanto en las
sociedades que lo consumían ya en su dieta, como en aquellas que solo los
tomaban tradicionalmente por navidad. “A nivel individual se ha multiplicado el
consumo por cinco”, ha precisado, al igual que se ha quintuplicado la
producción, en especial en zonas como California.
En
los últimos veinte años, tras diferentes estudios, como los precursores de la
Universidad de Loma Linda, se ha ratificado que comer regularmente frutos secos
(30 gramos diarios es la cantidad recomendada) disminuye en un 50% el riesgo de
sufrir un infarto de miocardio o de morir de una cardiopatía isquémica.
"Que un solo alimento sea capaz de disminuir de una forma tan drástica ese
riesgo era inaudito, nosotros fuimos los primeros que no nos lo creíamos",
manifiesta Sabaté, quien recuerda que tras varias investigaciones, los
resultados se publicaron en la prestigiosa revista New England Journal of
Medicine en un momento en el que la fama de los frutos secos era que al ser
ricos en grasas, engordaban. Pero la abrumadora mayoría de las investigaciones
(el más reciente es el estudio PREDIMED) apuntan a que comer un puñado al día
disminuye un 10% del colesterol malo y no varía el bueno, mientras que los
triglicéridos también bajan, reduciendo así el riesgo cardiovascular.

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